Exposición 4: Todas las variaciones son válidas, incluída esta.
La exposición de Esther Ferrer es una de las experiencias más distintas respecto al arte que he tenido en mucho tiempo, ya que aunque otras veces e incluso ese mismo día vi otras exposiciones de carácter abstracto o retrospectivo esta tenía algo distinto.
Según entré en la exposición entré en su mundo, un mundo repleto de maneras diferentes de expresarse a sí misma, de las más variadas, algunas hasta haciendo plantearse si eso era arte o no. Desde su obsesión por los números primos demostrada en la gran explanada en el centro de la sala y las diversas obras, hasta el piano colocado a disposición del espectador para que lo tocase, pasando por las diferentes performance y propuestas de la autora, los numerosos y distintos audios en los cascos que había dispuestos en unas butacas, los sonidos en la sala o su crítica hacia los juguetes y de cómo estos eran tanto machistas como belicistas.
Es decir, los elementos formaban un todo, un todo que formaba la identidad de la autora y de cómo ella proponía todo lo que se podía ver y hacer. Por ejemplo, un compañero y to realizamos una performance con 4 sillas, una mesa y un ventilador; todo lo que había que hacer era colocar las sillas como más nos gustase con la única condición de que se tenía que poner la siguiente tal y como estaba la anterior antes de ser cambiada, para finalmente mover la mesa y el ventilador, y volver a empezar, así hasta que se quisiese. He aquí un ejemplo de la misma:

Además, otro compañero y yo analizamos unos cuadros en los que nos preguntábamos si representaría la perdida de un hijo en un aborto. Estos son los cuadros en cuestión:


En definitiva, todo lo explicado e incluso otras performances que realizamos, creaban una atmósfera única que invitaba a realizar todas las actividades propuestas y aprender todo lo posible de ese lugar en el que el tiempo parecía no correr.














Comentarios